sábado, 2 de enero de 2010

No te vayas sin decir te quiero


No te vayas sin decir te quiero


~*~

No parece que lo entiendas


Es una lástima que te creyera un hombre honesto


Y todos los miedos que guardas con tanto cariño


Se volveran contra tí.


*


-Entonces… - profirió el pelinegro mirando el suelo - ¿Es definitivo? –



-Eso temo Lee – Tsunade observaba con pesadumbre como el rostro del pelinegro se ensombrecía ante la noticia, de lo más natural – No se trata de cualquier daño – reitero posando su palma suavemente sobre la espalda del más joven; misma que se había tornado morada en ciertas partes – Es letal… -


El chunin levanto el rostro, contemplando las angustiosas facciones de la Hokage. Ya se lo temía.



Todo desde su última misión. Él sabía, que no había tenido cualquier oponente, pero lo había supuesto demasiado tarde; un peculiar shinobi de la aldea oculta de la Lluvia. Uno al que Lee había subestimado gravemente. Se había confiado al saber que aquel ninja no pertenecía a una de las grandes aldeas y supuso que sería una misión relativamente fácil y rápida, aún cuando Gai-sensei le había mencionado repetidas veces que ningún enemigo debía ser considerado de esa manera, ninguno era demasiado pequeño.



Había tomado la iniciativa en esa pelea, obteniendo prontamente una clara ventaja. Y Lee sonrió para sí, pensando que era realmente bueno y que aquella misión estaba muy por debajo de su gran potencial. Un golpe certero, y el joven de la Hoja supo que era el fin de su contrincante. Había terminado muy brevemente, o eso creyó él. Vio el cuerpo del otro desplomarse lentamente, y pese a que debió asegurarse de su victoria, eligió no hacerlo. Dio vuelta y justo cuando había decidido retirarse, fue cuando le sintió. Un gran impacto de calor que había embestido su cuerpo, su hombro izquierdo con más precisión. No había sido doloroso, pero si muy intenso, y aquel calor se disperso ágilmente de su espalda, recorriéndole completamente en fracciones de segundo.



Había mirado tras de sí. Contemplando confundido como el extraño shinobi sonreía mientras mantenía su mano firmemente adherida a la espalda del más joven.




“Niño estúpido…” habían sido sus últimas palabras. E instantes después le vio escupir sangre estrepitosamente a la vez que caía rendido al suelo.



- Aquel chakra con que te atacaron – repuso la rubia – No fue uno común y corriente – y miró severamente al menor – Estaba diseñado como un arma de último recurso, capaz de destruir todas las células del enemigo progresiva e irreversiblemente Lee. Aquel ninja sabía que no podría derrotarte, pero uso un último ataque para condenarte también –



-Entonces yo… -



-El dolor que sientes constantemente en la espalda, irá en aumento – agregó la Hokage, sentándose – Hasta que invada completamente tu cuerpo. Poco a poco te debilitara, y finalmente llegara a los órganos vitales - cerró los ojos – No hay nada, que pueda hacerse.



-Comprendo… -



La rubia le observo detenidamente.



-¿Gaara-san sabe algo de esto? ¿Le has mencionado algo de tu dolor o la batalla? – murmuro Tsunade dando un sorbo a su sake –




-No… Sabe que resulte vencedor, es todo –



-Yo no lo diría de ese modo– agregó ella – No hubo victoriosos en esa pelea Lee, lo sabes bien. Debes hablar con el Kazekage -

Lee miro a un lado suyo, tratando de confrontar la mirada severa de la rubia. Deseo que por una vez, alguien comprendiera lo difícil que era hablar con Gaara. ¿Por qué siempre tenía él que enfrentar dilemas como este? ¿Por qué no había alguien que pudiese ayudarlo? Que hubiese pasado antes por algo tan complicado como él… ¿Decirle al Kazekage, quien comenzaba a comprender la verdad de este mundo, a amar de modo genuino, que su reciente amante estaba por morir? Por supuesto que no.



-No puedo… -murmuro el más joven – No creo que… -



-Eso pensé… -agrego Tsunade mirando de reojo a Rock Lee. Podía comprender su sufrimiento, pero también sabía que mientras más largo fuera su silencio, el dolor para su amante sería también mayor – Pero comprende que debes hacerlo, ya – repuso con voz severa – insistió aquella mujer – Tu tiempo está por acabarse Lee, no puedo decir con precisión cuanto. Pero no será mucho, no lo pases por alto –



-No es tan sencillo… - se disculpo el pelinegro – Gaara-kun no lo comprenderá… -



La rubia suspiro, mirando con sus bellos ojos café al más joven.



-Estas menospreciando al Kazekage, Lee – miró reiteradamente su botella de licor que se había vaciado – Gaara no es tan ingenuo como lo haces parecer –


-Pero yo –



-Díselo Lee – argumento el Hokage – Antes de que el tiempo te venza y te arrepientas por ello. Te lo advertiré una vez más, no tienes mucho tiempo –Repuso antes de ponerse de pie y alejarse en silencio.



*


No pudo conciliar el sueño aquella noche.Ahora estaba seguro de que hubiera preferido ir hasta Konoha en busca de Tsunade en lugar de que ella lo visitara personalmente en Suna. Al menos así, aunque perdería tiempo, hubiese tenido oportunidad de pensar las cosas más detalladamente, habría considerado una mejor manera de decirle a Gaara el porque iba a morir. Miro el cielo estrellado del desierto, mucho menos visible que en su natal aldea. Ahora sin en cambio, tenía sólo aquella noche para planear la mejor manera de hablar con el menor de los Sabaku.



-Es… tan injusto… - reclamo - Y era cierto. Sobre todo al pensar que su relación con Gaara era muy corta aún. Hasta apenas un año había encontrado el valor para acercarse a él y confesar el inusual afecto que sentía por él, aún más, Gaara había tardado mucho tiempo en aquella situación y atreverse a aceptar lo que le proponía el pelinegro. Había sido un trayecto duro con una recompensa generosa pero que había durado muy poco.



-No puedo seguir con esto – agrego el pelinegro poniéndose de pie y mirando como el sol estaba por salir – Tengo que decírselo –



Aún era bastante temprano, pero tenía la seguridad de que el Kaze estaría en su oficina. Después de todo, y pese que no poseía más a Shukaku, Gaara no lograba acostumbrarse a esa necesidad natural de los seres humanos, que representaba el dormir. El chunin camino rápidamente, con las mismas ansias que siempre sentía cuando fuera en busca de su querido pelirrojo, llego pronto a la puerta principal de la oficina del Kaze y dio un gran suspiro.



-Gaara-sama… - murmuro Lee entrando a la amplia oficina. Muchas veces, había deseado hacerse paso en la oficina del Kaze, susurrando un afectuoso “Gaara-koi” o algo por el estilo. Pero sabía bien, que dicho deseo sólo se quedaría como tal, sabiendo lo importante que era el prestigio y el orgullo para su querido pelirrojo - ¿Esta dentro? – dijo asomándose discretamente



Tal y como se lo esperaba, el ojiverde se hallaba en su escritorio. Rodeado por altas pilas de documentos pendientes por leer y sellar. Sonrió ante la imagen. En el pasado, nunca se hubiera imaginado al sanguinario Sabaku no Gaara de esta manera, trabajando apaciblemente en su escritorio, mucho menos, se hubiese imaginado que llegaría a tenerle ese férreo afecto. Su repentina felicidad, se vio truncada al ver como el joven Kaze era rodeado por varios de sus concejales y otras personas, quienes veían de manera sospechosa, la cordial y exuberante “Amistad” de su Kazekage con el insignificante chunin de Konoha.



-Buenos días… - murmuró con tono bajo Lee. Ninguno de los presentes deseo contestar –Gaara-sama – murmuró muy amablemente el pelinegro. El pelirrojo le miró discretamente, dejando de escribir – Me preguntaba si tendría un momento para hablar conmigo –



Kankuro contemplaba la escena desde una de las esquinas. No pudo sino esbozar un rostro de consternación. Se había acostumbrado a la presencia de Lee en Suna, sin embargo, sabía que el chico de gruesas cejas, no eran tan desconsiderado como para hacer una petición como esa cuando Gaara se encontrara tan ocupado, justo como en ese momento. Creyó no obstante, que su hermano se negaría viendo la enorme cantidad de pendiente que aún tenía. No fue así.



-Desde luego… -argumento el pelirrojo dejando de lado su pluma, y ante el asombro de todos, levantándose de su asiento y saliendo en compañía del pelinegro.



-El Kazekage tiene mucha consideración con ese joven… - murmuro uno de los ancianos – Es una situación un tanto extraña –



-¿Qué esperabas? – agregó otro con cara de fastidio – Es apenas un niño, es débil. No debería estar a cargo de un puesto tan importante –



-Es igual a su padre – replicó un tercero, dándose aires de grandeza – Incapaz de saber elegir prioridades, siempre viendo por su propio bienestar –


Y los comentarios continuaron, murmurados en tono bajo, pero audibles por el mayor de los Sabaku, quien miraba resentido a aquellos sujetos. No podía negar, que efectivamente Gaara era joven para esto, pero no concordaba con la idea de que su hermano fuera un mal líder. Todo lo contrario, pensaba que el pelirrojo realizaba demasiados sacrificios por esa aldea plagada de ingratos. Y aunque reconocía que había ciertamente algo extraño en el comportamiento de su hermano pequeño, también comprendía su consideración hacia uno de sus únicos amigos.



-“Imbéciles… “– pensó para sí Kankuro con una mueca en el rostro, saliendo estrepitosamente de la oficina.


*


-Gaara – argumento Lee una vez que ambos estuvieran solos en la habitación del pelinegro. Preparándose mentalmente para ser claro y directo, sabía que no era el mejor de los modos, pero también sabía que de retrasarse más, podría no conseguir decírselo a tiempo – Hay… hay algo que… - Y fue cuanto pudo decir. Antes de que lograra continuar, sus labios habían sido atrapados por los del más joven, quien le besaba con clara desesperación y ansias - ¡Gaara! – Reitero el mayor agitado una vez que lograra zafarse del agarre, aún con un pequeño hilillo de saliva escapando por la comisura de sus labios y un tenue sonrojo en sus rostro - ¿Pero qué…? –



-Maldición Lee… – dijo el pelirrojo aún sujetándose del mayor – Creí que nunca llegarías para sacarme de la oficina – argumento de mala gana – Había estado esperándote el día entero… –



Era cierto… Casi lo había olvidado.



El chunin había estado tan ocupado pensando en su cita con Tsunade, que se había olvidado completamente de que había prometido al ojiverde visitarle en su oficina. Se sintió mal al ver la clara impaciencia del menor, seguramente había pasado la mañana completa esperando por alguna señal de Lee, soportando las ordenes y reclamos de su consejo. Se sentía bien al verse asimismo como un alivio en la vida de Gaara, pero también sabía, que pronto sería sólo una carga más.



-Gomen ne, Gaara-kun – se disculpo el mayor –



-Bien… Ya no importa – recalco el menor, buscando la piel del pelinegro. Lee se sobresalto al sentir el contacto del otro, no era que no lo deseara de modo igualmente desesperado, sin en cambio, sentía un tanto incómodo aquel roce. Tenía que decírselo.



-Gaara-kun, espera por favor… –



-¿Qué pasa? – cuestiono el pelirrojo nuevamente, esta vez exasperado por la indecisión del mayor. Realmente necesitaba que el mayor le prestara un poco más de atención– Lee… por favor… - reitero ocultando el rostro en el cuello del menor, respirando agitadamente –



-Es sólo que… - el pelinegro cerró los ojos al sentir como el menor succionaba con persistencia su piel. No importando lo que muchos hubiesen creído de ambos, Lee sabía con certeza que él era débil en aquella relación. Siempre cediendo a las peticiones y los caprichos del joven Sabaku, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no caer en los invitantes roces y los placenteros besos del otro– Basta ya Gaara-kun – murmuró sujetándole por los hombros – Por favor, ya basta – rogó, y sintió un vacio formarse en su estómago – Gaa… Gaara –


El pelirrojo se detuvo finalmente, separando lentamente sus sedosos labios del cuerpo de su amante.



-Gaara-kun, hay algo importante. Que tengo… que debo decirte… Yo – Pero se adelanto a los hechos, el ojiverde no estaba dispuesto a dejarlo continuar.



-No quiero escucharte… - sonó la tenue voz del pelirrojo, todavía con el rostro aún oculto en el cuello de Lee.



-¿Qué? – y el mayor no daba crédito a las palabras del pequeño – Pero Gaara-kun… tú… -



-¡No quiero saber! – gritó mientras sus uñas se enterraban en los brazos del mayor – No quiero… -



Un pensamiento malogro la tranquilidad de Lee, causándole un gran desconcierto. Miro el delgado cuerpo acunarse contra él, sintiendo la arena del Kaze moverse inestablemente alrededor de ambos, como solía pasar cuando sus emociones se hallaban demasiado perturbadas.



-Lo sabías – dijo Lee absorto en la sorpresa – Pero ¿Cómo? –

-Sólo lo sabía… – reitero el ojiverde con voz quebrada – Pero no quiero que lo digas – y el mayor no pudo evitar estremecerse al sentir como su cuello se humedecía lentamente. Gaara lloraba, y la imagen que tenía el mayor de su compañero, cambio drástica y perpetuamente.


Se veía tan destrozado, tan vulnerable.



-Gaara… - Aquella era la primera vez, que le veía llorar – Lo siento tanto… – suplico abrazando a su pareja – Perdóname por favor – Sabiendo que por más que le suplicase al ojiverde, este simplemente no podría disculparlo por aquel dolor.



Continuara…

*

Shy


Segunda parte de Lonely Day xD


Shy


Capítulo Único. Su nombre es...

Había conocido a Gaara, cuando este tan sólo era un niño. Uno que desde el principio, supe que era especial. Jamás fue el típico pequeño que sólo se preocupase por jugar con el resto de los chicos; el clásico niño que corría con la ropa desordenada y las mejillas sonrojadas hacia todas partes, a punto de quedarse sin aliento, pero siempre con una sonrisa en los labios. Cuanto hubiese deseado, que mi niño fuese esa clase de persona. Sin en cambio sabía bien, que de ningún modo sería así. Porque muy por el contrario; mi pequeño fue imperecederamente silencioso y tranquilo, casi ausente. Como si aquel diminuto cuerpo, no contuviera el alma de una persona de su edad.


Mi Gaara, invariablemente pasivo y sosegado. Y ese pensamiento me entristecía, me hacía desear protegerlo más, cuidarle y adorarle con más devoción.
Aún si el tiempo ha transcurrido, y las situaciones amargas me han alejado de él, sigue siendo mi persona más preciada del mundo. Sin importar la abismal diferencia de edades entre nosotros; Gaara jamás aparento sentirse incómodo con mi afecto. Tampoco asustado por las miradas y roces ocasionales entre ambos, mucho menos por el sabor de mi boca. Nada de todo ello parecía perturbarle. Cosa que a mí, me alteraba terriblemente.


Porque amar a un pequeño, a quien se le lleva más de una década de edad, era algo que nadie habría aceptado ni reconocido como normal, ni en aquel entonces ni nunca. Algo que por otro lado sí era muy extraño, algo nefasto. Cierro los ojos al pensar en ello, al recordar que fue esa la razón por la cual lo deje escapar. Así, y solamente así, lo mantendría integro y puro; tal y como él siempre había sido. Lejos de mí, nunca podría lastimarlo. Sé que sigo queriéndole, y pienso inevitablemente en lo último que pude decirle:
"Te amo..." "Te amo tanto, que a veces creo que me vuelvo loco..." "Gaara..." Y sé que fue lo mejor, lo más justo. Pero no puedo evitar el sentirme estafado y humillado, porque aquel sacrificio de hace años, ahora es en vano.


*



- ¿Lee? - escuchó repentinamente. Levanto el rostro, mirando con cierta perplejidad a mi alrededor. De nuevo, me he perdido en mis pensamientos, inclusive por un momento, he olvidado que no me encuentro solo. -Lo siento - agrego de inmediato con una sonrisa para la persona frente a mí, quien luce como siempre preocupado por mi despiste - ¿Decías? -


- Te pregunte - repitió con voz algo cansina mi acompañante, quien ha comenzado a habituarse a estos lapsus - Si vas a quedarte - murmura mientras se acerca a mi escritorio y mira el reloj - Es hora de irnos -



En ese momento, yo no hago sino mirar que efectivamente, el reloj marca las 6 de la tarde, lo había olvidado completamente. …l por su parte, no hace sino sonreír. Sí claro, también estaba acostumbrado a esto. Y su sonrisa aunque genuina, contrasta extrañamente con sus ojos y los severos gestos en su rostro. No se ve mal, solo extraño.



Aún me cuesta creer, que este chico sea un Sabaku.
- Temo que no Kankuro - digo antes de acomodar varias notas - Quizás en una hora más - -De acuerdo - dice después de algunos instantes, quitándose la corbata que obviamente no va con él- Nos veremos mañana entonces, jefe - murmura con burla, sabiendo de sobra que no me gusta ese apelativo. Frunzo levemente el ceño ante sus juegos y me despido levantando la mano, sin deseos de hacer reclamos.


Veo su figura desaparecer tras la puerta de cristal, y sonrió al pensar en ello.
Conocí a Kankuro hace un par de años, quien había comenzado como asistente para mí. No hubiera pensando que con el tiempo termináramos siendo buenos amigos, los mejores. Un inusual chico, alegre, cuya procedencia jamás hubiese sospechado. Y es que, él jamás mostraba esa disciplina y austeridad tan característica de ellos, constantemente me pregunto como alguien así pudo nacer en aquella familia. Y si bien me agrada, no puedo darme la libertad de pasar mucho tiempo con él. Porque siendo un Sabaku, al acercarme demasiado a él, también lo haría a mi pasado. Uno eternamente vetado para mí.



Creo, que es un castigo...
-Que ironía, haberme encontrado con tu hermano - miro a través de la ventana, sintiendo esa remota y conocida melancolía - Gaara-kun - Pienso constantemente en él, en lo mucho que debe haber crecido en estos años, en lo diferente que debe ser. No es una idea que me agrade mucho, pues Gaara siempre me gusto tal y cual era, la idea de ver a una persona distinta me decepcionaría. Pero quizás, así sería mejor. La campanilla de la puerta principal suena entonces y yo pestañeo un tanto desconcertado por ello ¿Un cliente a estas horas? Es algo tarde... Pero bien, no quedaba sino entregar una cordial sonrisa y atenderle.



-¿Si? - pregunto sin dejar de mirar a través de la ventana.
- Disculpe... ¿Sabaku no Kankuro? - Y me extraña que le busquen a estas horas, pero no hago sino responder amablemente. - Acaba de irse - agregué aún mirando el escritorio - Pero supongo que puede alcanzarlo, él... - Mis palabras fueron irrumpidas bruscamente. Justo cuando había girado el rostro para ver al recién llegado y darle instrucciones, el tiempo a mí alrededor se había congelado. No, esto sencillamente no podía estarme pasando, no después de tantos años y sacrificios de mi parte. Con una vaga esperanza, cerré los ojos. Los cerré con fuerza, casi con desesperación, deseando que el cansancio me estuviese haciendo una jugarreta, y que la persona frente a mí, no fuera quien yo creía. La misma de quien había estado escapando toda la vida. Pero al abrirlos, me encontré con ese chico, y nada cambiaría que él había llegado nuevamente a mí. - Tú eres... - argumente con zozobra en mis palabras; sintiendo como su presencia alteraba todo en mí, como el aire comenzaba a discurrir dificultosamente hacia mis pulmones y mi mundo se volvía débil e insignificante.



Mire el pequeño y delgado cuerpo delante de mí, el cabello en completo desorden, la expresión sin emociones... Tenía que ser. Y en mi mente su nombre resonó con fuerza y ansiedad, como un eco violento y doloroso.
"Gaara" Y anhele con desesperación murmurar ese nombre. Decirlo, gritarlo. "Mi Gaara..." Pude ver su expresión de desconfianza, y también pude suponer lo que penso: "¿Quién era aquel extraño que le hablaba con tanta familiaridad?" No quería asustarlo, así que sin demora corregí de inmediato mis palabras. -Lo siento... lo siento en verdad - dije nerviosamente. Mire con cuidado lo mucho que mi pequeño había crecido. Lo hermoso que estaba, y lo feliz que seguramente era sin mi - Yo... Te confundí con alguien más - frote nerviosamente el cabello de mi nuca y sonreí.


Y creí, que sonreía por cortesía, por la emoción de encontrar a mí ser más amado de nueva cuenta. Pero no era ello lo que me emocionaba de esa manera, no era esa excitación de saberle ahí , de poder acercarme y tocarlo lo que me hacía estallar de felicidad.
Era el hecho, de que mi niño no había cambiado... Quizás, ahora era un jovencito de 16 o 17 años, y mucho del pequeño que yo recordaba había desaparecido. Pero lo más valioso en él, indudablemente se había preservado. Conservaba aún, aquellos gestos característicos de quienes viven relegados en la compostura y el silencio. Quede fascinado por la delgadez de su cuerpo, por la palidísima piel que aún lucía con orgullo, hermosa e intacta. Todavía increíblemente precioso.


Tal y como yo le recordaba; sin una sola cicatriz marcándole, el cabello rojo alborotado, incluso en sus ojos, aún se halla perfectamente resguardado un dejo de tristeza. No obstante ya no me molesta, contrario a cuando Gaara era un niño. Porque esa melancolía, pese a lo que compromete, forma parte de su propia naturaleza, parte de su propia perfección. Casi siento que vuelvo a amarle, que le adoro con más intensidad que antes.
Miro un poco nervioso como extiendo su mano hacia mí, y con un esfuerzo sobrehumano correspondo a su saludo. Percibiendo la tan conocida piel, sus delgados y fríos dedos. Ese roce tan fugaz entre ambos basto para que los recuerdos viniesen profundamente a mí, uno por uno. Por un momento creí que soñaba. Como desee, estar soñando.



-Tú... - escuchó que murmura Gaara contemplándome fijamente, haciendo que mi respiración sea más difícil. "Y me pregunto ¿Por qué a veces me miras así...?"


- ¡Lee! - Escucho repentinamente al momento en que la puerta de cristal vuelve a abrirse - ¡Olvide mi...! - en aquel momento, Kankuro entro haciendo un verdadero alboroto tras de sí, e instintivamente suelto a Gaara. Es una reacción que no puedo evitar, como si al tocarlo estuviera ultrajándole - ¡Eh Gaara! - grita su hermano al verlo - Así que estabas aquí con Lee -



-¿Lee? - Repite el pelirrojo a la vez que me observa - - Habías dicho, que nos veríamos en la avenida - repone el mayor de los Sabaku con tono de fastidio - Verdaderamente eres impaciente hermanito - Gaara por su parte, esbozo una mueca. No parecía estar del mejor humor.



-Tardaste... - agregó con un frio eco el más joven. Y sonrió de lado al verlo, si, aún es el Gaara que yo recordaba. Noto poco después, que Kankuro me observa extrañado.
-¿Todo está bien Lee? - Reitero el chico castaño- Estás pálido... Pareciera que hubieras visto un fantasma - Sus palabras causan un vuelvo en mi pecho, sin duda no es el mejor comentario que pudo hacer.



-¡Todo está bien! - manifesté de inmediato, sonriendo para ocultar mi gran sorpresa - Sólo... Estoy cansado - agregué rápidamente.
-Bien, me da gusto que conocieras a mi hermano - murmura el mayor de los Sabaku sonriente, al mismo tiempo que observa a Gaara. Fue en ese instante, cuando Kankuro hizo una pregunta fatídica para mí, la pregunta que sería el detonante de mi desgracia



- Ya que estás aún aquí ¿Por qué no nos acompañas a cenar? -
"No" Escuche en mis adentros. -Bueno no creo... - argumente tratando de evitarlo. -Vamos Lee, no es sano que siempre estés solo - insistió Kankuro, quien no habría comprendido el riesgo que aquella invitación implicaba.


Debí haberme negado de inmediato. Debí, sonreír como siempre y decir que tenía que terminar el trabajo pendiente, o que saldría nuevamente con alguien. Mil excusas llenaron mi mente, todas validas, todas justas y creíbles. Pero me negué a tomarlas, aún sabiendo el riesgo. Mire con discreción a un lado de Kankuro; el cabello rojo y el rostro desentendido de su hermano menor. Sentía, como mientras más le miraba, más se resquebrajaba mi fortaleza. Cerré los ojos nuevamente. No, no podía acercarme a Gaara ¿Por qué esto tenía que ocurrir? ¿Nadie en este mundo comprendía que no podía aproximarme a ellos?




-Yo no creo que... - articule con dificultad, sintiendo un vacío con ellas, pero sabiendo de sobra, que era lo mejor para todos. Y lo habría conseguido, me habría negado a la incitante oferta y todo seguiría su curso natural, todo estaría nuevamente bien, como si esto nunca hubiera ocurrido. Así hubiese sido de no ser porque...




-Acompáñenos por favor, Lee-san -
Levante el rostro, no creyendo lo que había escuchado. Era no obstante, un hecho inequívoco. Esa voz, solo podía pertenecer a Gaara. Mire frente a mí, como el pelirrojo me observaba expectante por una respuesta. Y Kankuro también pareció sorprendido por la reacción de su hermano, no era algo que al parecer hiciera con frecuencia, mucho menos tratándose de un "desconocido" como era yo para el ojiverde. Sentí toda mi fortaleza decaer, y mi voluntad sublevada por ese chico. Suspire, al saber que exactamente como en el pasado, yo no podía negarle nada a mi pequeño.



-Sería... - argumente con amargura, sabiendo que acababa de romper un voto sagrado para mí; una promesa que era completamente opacada al contemplar aquellos ojos aguamarina - Sería un placer -




*




-Llegamos - dijo con vigorosa voz Kankuro abriendo la puerta principal - ¿Qué te parece Lee? - "Preciosa" Entre despacio, y ¿por qué no decirlo? Temeroso. La casa de los Sabaku, había cambiado mucho. Mire con una sonrisa como muchas cosas de mi desagrado habían desaparecido. Ya no existía esa aura tensa e intolerable que yo recordaba, tampoco el silencio apabullante que no me dejaba respirar cómodamente cuando visitaba esa morada. Era claro, que los padres de Kankuro y Gaara no vivían más ahí. Entre y recorrí con fascinación aquel lugar que no había visitado en casi una década, mirando con detenimiento y alegría los muebles, cuadros y fotografías. Estas últimas, atraparon plenamente mi atención - ¡Ella es Temari-san! - Agregue con alegría, señalando una de las innumerables fotos que decoraban la sala




-Sí - dice sonriente Kankuro - Ahora está de viaje, quizás la conozcas después -




- Es bastante linda - repongo. Y observando los retratos familiares, no hago sino confirmar lo grande que es la familia Sabaku. Numerosos y distintos rostros que cubren las paredes; pero todos ellos, con esos rasgos severos y lúgubres que les caracterizan, capaces de mantener al margen a cualquiera con su expresión. Sigo mi recorrido con las fotografías. Una en especial llama mi atención y me detengo, contemplándola por un largo rato.




-Ponte cómodo - dice el castaño entrando a la cocina junto con su hermano menor -
Lo cierto, es que apenas he logrado escucharle. Porque el retrato frente a mí, me ha estremecido. Me aproximo al cuadro, mirándolo inalterablemente. Es él... La persona que me obligo a apartarme de Gaara, la que me guarda eterno resentimiento y repulsión.




- Lamento mucho, estar aquí -digo a la vez que observo una fotografía de Sabaku no Hiko, el padre de Gaara. Perpetuamente adusto, con esa expresión siempre sombría - Se que me prohibiste acercarme a tu familia - musito, recordando el ominoso día en que me encontrara con el más pequeño de sus hijos y me amenazara de muerte. Pero no es aquella intimidación lo que me mantuvo lejos de su hijo, sino el deseo compartido con él, de no mancillar a Gaara - Y en verdad lo siento mucho - murmuro como si en verdad pudiese escucharme - Pero no tienes porque preocuparte. Hoy mismo me iré, y no volveré a pisar tu hogar - agrego entrecerrando los ojos dolorosamente. Porque debo reconocer que el único ser a quien he dañado, es el mismo a quien tanto amo. Lo lastime en cierta forma al arrebatarle su inocencia, haciéndolo experimentar sensaciones que no le correspondían a su joven persona - En verdad siento... estar aquí -



-¿Con quién hablas? - Miro a mis espaldas. Donde un chico de edad semejante a Gaara me observa con extrañeza.



-Con... con nadie - argumento por mero impulso al ver al inusual muchachito. Un chico de rubios cabellos y ojos celestes. Es verdaderamente hermoso, y sonríe de amplia manera.
- ¡Que tal!- dice como si nada hubiese ocurrido a la vez que levanta alegremente la mano y me saluda



- ¿Eres amigo de Gaara-koi? -
... "¿Qué?" -¿Koi? - pregunte de inmediato, y mi repentina felicidad al reencontrarme con Gaara, fue rápidamente devastada.



-Naruto - reprendió el joven Sabaku quien entraba en ese momento a la sala - Ya basta - Y yo no puedo creer lo que escucho, no quiero creerlo. Este muchacho y Gaara... Siento mi interior agrietarse, pero no digo nada, no hago nada ¿Por qué me extraña tanto? No podía esperar que no hubiera alguien especial en su vida ¿Cierto?
-Gomen, gomen - murmura en tono divertido el chico rubio, acercándose a mi querido pelirrojo, y ante mi gran sorpresa, besando fugazmente sus labios




- Perdóname Gaara-chan ¿Sí? - Y una esperanza se alberga en mi pecho, pues deseo ver que el ojiverde rechace esa muestra de afecto ¡Sí! Que no permita que aquel niño de ojos como zafiros lo bese como si nada. Di algo Gaara, por favor, dilo.
"Nada..." Y mi adorado Sabaku da la vuelta y regresa en perfecto silencio a la cocina. No puedo sentirme más dolido al ver que aquella muestra de efusivo cariño no le ha afectado en lo más mínimo. Es más, quizás deseado algo como eso. Aprieto con prudencia mis puños. Sé que es normal sentirme así, pero duele demasiado... Poco a poco libero la presión en mis manos, fuerzo mis labios a sonreír y con los ojos húmedos obsequió la mejor de mis sonrisas al chico que recién conocí.



-Es un placer Naruto-kun - digo extendiendo la mano al rubio chico -



-¡Ah ya se conocieron! - Dice Kankuro quien al parecer ha visto toda la escena - No esperaba que Naru-chan estuviese en casa, pero me alegra mucho. Ahora también lo conoces- agrega dándome una palmada en el hombro - Eres afortunado Lee - y yo asiento lentamente.
Sí, desde luego...



*




La cena transcurrió lenta y amenamente. Al menos, una parte de ella. La mayor parte del tiempo se fue en conversar sobre negocios, trabajo y planes. No obstante, eso no evitaba que eventual y esporádicamente yo me distrajese. Por momentos, y pese a que me hería el hacerlo, miraba con discreción a un lado mío. Me fue difícil enfrentar el hecho de que no estaría con mi querido niño nunca más, pero lo fue aún más, el que hubiera alguien nuevo en su vida. Y cierro los ojos al mirar a ambos chicos. No me queda sino fingir que no me percato de las miradas que entrecruzan, los roces y las pequeñas risas. Muerdo mis labios cuando el más joven entrecruza sus manos con las de mi pequeño y besa su mejilla. Gaara como siempre, permanece inalterable aún con esas muestras de afecto, por otro lado no hace nada por evitarlas.



-Eh Lee - argumenta en un dado momento Kankuro - ¿Me estás escuchando? -
Y aunque mi pecho se estruja violentamente y siento un irrevocable deseo de llorar. Sé que está bien. Porque es así como se supone que se debe sentir cuando te quitan tu fe y sueños. Es mi castigo, por haber amado a quien siempre supe que no podría tener.



-Tengo que irme... - anunció levantándome violentamente - Les agradezco mucho su hospitalidad -
-¿Tan pronto? - Argumenta Naruto quien todavía sostiene firmemente la mano de Gaara - Es temprano aún -



Es muy pronto jefe - reclama Kankuro quien me observa con el ceño fruncido, sin comprender tampoco la situación -¿Por qué no te quedas un poco más?
Escucho las insistencias de ambos. El único que parece ajeno a ello es Gaara, quien contempla invariablemente el plato frente a él, incapaz de preocuparse por algo más.



-Lo lamento... - musito sin escuchar la testarudez de Kankuro y Naruto - Será en otra ocasión - exclamó sabiendo bien que no soportare un minuto más ahí, sabiendo que no tengo la menor intención de regresar. Escucho lejanamente sus despedidas y cruzó con rapidez el comedor así como la puerta principal, percibiendo como crece mi ansiedad conforme me acerco a la salida. Salgo bruscamente y respiro hondamente, advirtiendo que mis manos tiemblan mesuradamente -¿Por qué Gaara? - Digo con la voz entrecortada - ¿Por qué tenías que volver y destruirme completamente? - respiró hondamente, sintiendo el aire invernal acurrucarse en mi pecho.



Y me repitó una y otra vez las mismas palabras.
"Está bien... Es así como se supone que debe sentirse"




-Lee-san. Se resfriara... -
Levanto el rostro, aunque sin mirar tras de mí. -Estaré bien - agrego tratando de sonar sosegado - Pero creo que es hora de irme - digo cerrando mi chaqueta y caminando a la salida - Fue un placer conocerte, Gaara-kun - y le contemplo una vez más. Quiero recordarlo justo como ahora; porque esta vez, sin importar lo que ocurra, no volveré a interceder en su vida. Porque hay alguien especial para él y yo no puedo dejar que mi afecto lo aparte de esa felicidad.




-Lee-san -



-¿Si? - y sonrió cerrando mis ojos, para que no los vea enrojecidos por mis lágrimas contenidas - ¿Qué ocurre Gaara-kun?




Me mira sin ningún cambio en su rostro, pero sé que algo le preocupa. Nunca ha sido difícil para mí leer sus sentimientos.



-No volveré a verlo ¿Cierto? -
Yo me detengo del todo al escuchar eso. Como siempre, Gaara tiene razón. Le miró con una sonrisa fingida, ojala pudiera contrariarlo, sería tan feliz si pudiese hacerlo. Pero existe un juramento, de nunca lastimarle, de siempre cuidar de él y procurar su dicha. De siempre alejarme.



-No - agregó acercándome cautelosamente a él, sonriendo y colocando una mano sobre su hombro. Esta es la clase de afecto que puedo ofrendarle, esta y nada más. El amor de un hermano, sólo eso - Lo siento. Ojala que seas muy feliz - Y de haber dejado mis palabras ahí, quizás todo habría concluido con ello. Pero mi dolor por perderlo no me lo permitió, y casi con sarcasmo agregue unas palabras más - Al lado de Naruto-kun -




Sus ojos aguamarina se abrieron un poco más al escuchar esas palabras, contemplándome fijamente. Creo que he dicho algo que le molesto... Pero no hay tiempo de una disculpa más, sólo hay tiempo para huir de esto, para relegarlo eternamente.




-Bien, debo irme - agregó, soltando con un esfuerzo sobrehumano su hombro - Adiós Gaara-kun - digo sintiendo un nudo en la garganta. Y sé, que nunca volveré a encontrarme con él. Doy vuelta y sigo con mi camino, sintiendo como el aire nocturno golpea mis mejillas y reseca mi boca. Toco el primer escalón y cierro los ojos, porque sé que ahora me alejare y jamás podre regresar a su lado, sin embargo al mismo tiempo siento su mano sostenerme. Miro dolido tras de mí ¿Por qué insiste? ¿No me ha visto sufrir ya suficiente?




-Gaara-kun... ¿Qué ocurre? - digo tratando de ser lo más cordial que puedo.



-Te amo... -




-¿Qué? - cuestiono a la vez que le miro.


Y con la misma extraordinaria frialdad, habla nuevamente, sin que ello altere su estoica faz.
-Te amo... - reitera tranquilamente



- Te amo tanto, que a veces creo que me vuelvo loco... - Y yo no puedo creerlo. Porque aquellas, son sin duda alguna las mismas palabras que yo le dije cuando fuera tan solo un pequeño. Y si bien su voz suena dolida, también se que está furioso, y que me mira con esa misma férrea impotencia que hace tantos años.




-Gaara-kun... -




- Tú dijiste eso Lee - murmura Gaara, mordiendo sus labios. Y puedo sentir como tiembla al sostener mi ropa - ¿Realmente creíste que lo había olvidado? -




-... -





-Ya no soy un niño Lee - murmura colocándose frente a mi - No me trates como a uno - Y añoro más que nunca tomarle entre mis brazos y abrazarle con fervor. Decirle que incluso ahora para mí es un pequeño. Soy débil ante él, y sé que me falta poco para ceder. Pero un pensamiento logra truncar ese p0deroso deseo.




-¿Qué hay de Naruto? Creí que lo amabas - murmuró con los labios temblorosos. Me suelta entonces y me mira con el ceño fruncido a la vez que niega pausadamente.




-No... - agrega mirando hacia abajo - Además, Naruto ama a Kankuro, es por eso que trata siempre de causarle celos, acercándose a mi - La ira me nubla entonces. -¿Te utiliza? - cuestiono de inmediato. Sintiéndome furioso. Pero Gaara no me confronta, eso sòlo me enardece más, y confirma mis temores de que siempre ha estado consciente de ello, y que siempre lo ha aceptado. No puedo contener mi incredulidad



- ¿Por qué? - digo primero con voz suave, para luego acrecentarla fúrico - ¿Por qué se lo permitiste? - y estrujo sus hombros, obligándolo a verme - ¿Cómo has dejado que te use así? -




-La soledad... -



-¿Qué? - y mi agarre se aliviana a la vez que Gaara me contempla detenidamente. -El deseo de sentirse amado... - musita apenas con voz - De sentir calor de alguien más -



-Gaara... - Comprendo después de todos estos años, que no he sufrido solitariamente mi castigo. He sido cruel, y egoísta. Y jamás lo pude ver cegado por mis propios anhelos. Que Gaara al igual que yo ha conocido ese lado oscuro y siniestro en que todo ser humano cae algún día, esa necesidad por conocer un poco más allá y sentirse querido y añorado. Lo acerco a mí, sintiendo su aliento chocar contra mi cuello, y su cuerpo desvanecerse entre mis brazos. Ahora más que nunca, es un niño ante mis ojos, uno que sigue necesitando mi afecto y mi cuidado. Uno al que al fin puedo amar pura y sobriamente.



Ya no hay nada que perdonar...




*Owari*

Lonely day

Lonely day



~*~



Él, era como un ángel.


Al menos, fue lo que pensé la primera vez que lo vi. De piel blanca y sin una sola marca; impoluta íntegramente, ojos de un hipnotizante verde, y mechones como la sangre. Sencillamente… Bellísimo. Nunca había conocido a alguien como él, que con una mirada cautivara los sentidos y que con una palabra irónicamente me dejara atónito. Su cuerpo lábil y hermoso me atraía de una manera hasta entonces desconocida, demasiado intensa para ser simpatía, demasiado irracional para no ser obsesión, una que jamás terminare de comprender. Me sentía como un criminal… Porque su cuerpo podría ser perfecto y despertar cuanto bajo instinto tiene un ser humano, pero no así su alma. Una completamente pura, casi imposible de mancillar. Sí, casi… Pero más que su exótica belleza, era ese límpido espíritu lo que lo hacía un ángel ante mis ojos.


Sabaku no Gaara… Sólo un ángel.


Y a mis dieciocho años, aquel es el único nombre en el que puedo pensar. Una persona a la que di todo sin analizar ni prever las consecuencias. Quizás ese fue el más grande de mis errores, que cegado por mi cariño accedí a todo, incluso a cosas que podrían considerarse espantosas. No dejo de arrepentirme ampliamente por ello, pero a la vez sé que era inevitable.


- Lee – murmura algo desconcertado por mi largo silencio - ¿Qué pasa? -

Yo sonrió, disculpándome por perder el raciocinio como siempre que él esta presente. Justo entonces, advierto su cercanía y antes de que yo pueda o quiera hacer algo; sus labios están sobre los míos, buscando ese calor que tanto sé le gusta, aunque él jamás diga nada al respecto. Es un beso muy ligero y rápido, pero cargado de sentimiento.


Como lo dije anteriormente, lo he mal acostumbrado. Este es uno de sus tantos malos hábitos, quiero pensar que es el peor. Cierro los ojos al degustar sus delgados labios, y aunque una parte de mi se sabe en la gloria por esto, la otra se siente infame, porque estoy cometiendo un crimen imperdonable al aceptar este leve roce. Cualquiera se preguntaría: ¿Por qué habría de ser tan malo esto? La razón es simple.

Mi querido ángel, tan sólo es un niño.


Un pequeño de no más siete años; que doblego mi persona por completo. Constantemente me siento muy inferior a él, a ese poder tan grande que tiene sobre mí, a su pequeña e ingenua persona que me enamoro de lleno. Sé de antemano lo pecaminoso de esto y no puedo evitar el sonreír con tristeza al degustar su piel dulce. Porque estos momentos preciosos un día se perderán; cuando Gaara crezca un poco más, y comprenda que los fugaces besos y los roces entre amigos, no son algo tan común como él cree.


También sé que debí negarme a su inusual modo de demostrarme afecto. Decir que no desde la primera vez y aclarar que todo aquello, no era lo aceptable. Pero siendo tan sólo un pequeño, no entiende del todo las razones, y siendo yo un egoísta no quise detenerlo.


- Esto… no esta bien Gaara-kun – murmuró una vez que se alejado un poco – Ya te lo he dicho… -

Como siempre me mira impasible, seguro de que no me atreveré a decir nada más. Y tiene razón, sería incapaz de reprenderlo con severidad, aunque sea algo tan malo como esto. A veces quisiera preguntarle porque lo hace, pues no me parece sano que un pequeño de su edad se exprese así, sin palabras, pero sí con acciones tan marcadas. Por otro lado como ya lo dije; soy un egoísta, y no quisiera alejarlo con una pregunta indiscreta.

- Tus padres deben estar esperándote – murmuró a la vez que lo bajo con delicadeza del sofá donde ha estado acompañándome toda la tarde – Deberías volver con ellos. Hiko podría enfadarse – Por su expresión, puedo ver que no quiere regresar.


Sabaku no Hiko, es el padre de Gaara. Ellos dos se parecen bastante, ambos con el precioso cabello rojo alborotado y las expresiones taciturnas decorando sus rostros, haciéndolos más interesantes, más enigmáticos. Pero aún con su cariño nato de padre, Hiko es un hombre estricto. Probablemente mi pequeño ha hecho alguna travesura y un castigo le espera en casa.


- Todo lo que tu padre hace es por tu propio bien, aunque se trate de un castigo – digo sonriente con mi mano apoyada en su hombro - Pero él te ama muchísimo - Y Gaara no deja de mirarme con expectación por esto último que he dicho. Algo en mis palabras ha captado mucho su atención. Sus labios se separan con inseguridad mientras me contempla -


- ¿Cómo tú a mi? -

Permanezco enmudecido algunos segundos por aquella ingenua pregunta, y es que simplemente…no lo esperaba, no ahora. Gaara sabe que le quiero, que le estimo mucho más que a otros. Pero decirle que lo amo, pese a que es verdad; no es lo correcto. Suspiro y trato de hallar una respuesta justa a su pregunta.


- Sí - miento tratando de sonar seguro. Pese a que nunca será el mismo afecto que el de su padre – Sabes que te quiero… Como si fueras mi hermano –


Yo quedo satisfecho con mi farsa, porque ese cariño si esta permitido entre dos hombres, entre quienes tienen más de una década de diferencia. Pero no así Gaara. Por primera vez el silencio es incómodo para ambos, muy tenso. El siempre imperturbable rostro de mi pequeño se contrae entonces con una emoción que me intriga y alarma: indignación.


- ¿Gaara-kun? -


- Eso… no es cierto – argumenta de mala gana, casi con malquerencia.


No sé que decir... Y comienzo a articular sin pensar.


- Claro… que sí… Yo… -


- No me engañas -


Al mirar sus ojos sólo encuentro insatisfacción por mi respuesta. Se supone que él ignoraría todo esto, porque aún es muy joven. Pero al mismo tiempo, parece tan convencido, tan enterado de lo que esta pasando ¿En verdad soy algo más que un juguete para ti Gaara-kun?


- No es lo que quieres decirme – asegura con tono fúrico.


Y sin importar lo que es correcto o incorrecto, lo que él debiese saber o no… el hecho; al menos para mí es innegable. Sabe lo que siento y pienso cuando esta conmigo, quizás no logra comprenderlo del todo, pero: Él, lo sabe. Sólo hasta entonces, comienzo a comprender la razón de sus visitas diarias después del colegio, de sus acciones y sus palabras. Ahora sé que la respuesta que esperaba estaba lejos de ser: “Te quiero como a un hermano”


-“Yo te amo”, “Te amo más a que nadie”, “Eres la persona más importante para mí” – Eso, era lo que quería. Y esta profundamente decepcionado al no escucharlo.


Como desearía que fueras mayor mi querido Gaara, mayor para que entendieras que no puedo ofrecerte más palabras que las ya dichas. Solamente el cariño de amigo o un familiar.


- Lo siento – digo besando su mejilla – Es todo lo que puedo decirte-


Las lágrimas no tardan en rodar por sus mejillas. Porque esta conciente de ello, conciente de que no puedo decir otra cosa y de que estamos terriblemente equivocados por querer decir y escuchar más.


- Tampoco es justo… - murmura aferrándose a mis brazos, enterrando sus uñitas en mis brazos.


- No… No lo es - Las saladas gotitas no dejan de correr por su rostro, y sé que se llevan mi fortaleza con ellas. No puedo soportarlo.


¿Realmente sería tan monstruoso si lo dijera sólo hoy? ¿Cambiaría todo si en lugar de decir “Te quiero” dijera “Te amo” una sola vez? ¿Por qué habría de estar tan mal? Y voy buscando excusas para justificar mis actos erróneos, para hacerlos menos graves.


Le miro con detenimiento, solamente para terminar de convencerme. Él… vale la pena, vale cada pecado y culpa

- Gaara, tú siempre lo supiste… ¿No tengo razón? – murmuró con una sonrisa culpable. Él asiente lentamente, y con ello ya no hay vuelta atrás. Me agacho, anteponiéndome a su misma altura y respiro hondo; queriendo entonar mi voz más fuerte y clara, sobre todo ahora que le tengo frente a mí. Porque esto nunca volveré a decirlo, jamás. Por su bien y por el mío, y estas palabras un día serán un hecho muerto en sus memorias, algo que quizás paso, que muy posiblemente sólo se trato de un sueño. Algo sin la menor importancia. Como debe ser – Te amo – digo mientras mis manos tiemblan - Te amo tanto… que a veces creo que me vuelvo loco – Finalizo antes de atacar tus diminutos labios. Y yo sé que eres feliz con mis palabras y con este contacto, aunque no me lo digas.


- Lee-kun… - escucho cuando suelto tu pequeña boca.


Pero esa voz, no es tuya.


Tú y yo, ya no estamos solos…


Un escalofrío me recorre completamente mientras tú miras hacia donde proviene aquella voz. Tus palabras confirman mi mayor miedo.


- Papá… - dices con algo de sorpresa. Giro mi cuerpo lentamente hacia donde esta él, quien nos mira horrorizado.


Ha venido a buscarte a mi departamento porque sabe que somos grandes amigos, y ha supuesto acertadamente que estarías conmigo. Esto sin en cambio, es algo que jamás habría esperado, puedo ver como del escepticismo su rostro pasa rápidamente a la furia. ¿Puede alguien culparlo? Claro que no. Yo cierro los ojos con una enorme angustia, porque sé que después de esto nunca podré verte de nuevo, mucho menos hablar contigo o tocarte. Quizás es mejor así, que estés donde yo nunca puede alcanzarte de nuevo, donde no pueda robarte tu inocencia. Donde… yo sea sólo un mal recuerdo. Aunque sin ti, mi vida se llene de días solitarios, días insípidos.

Un día solitario, no debería existir.

*


OWARI


*