sábado, 2 de enero de 2010

Lonely day

Lonely day



~*~



Él, era como un ángel.


Al menos, fue lo que pensé la primera vez que lo vi. De piel blanca y sin una sola marca; impoluta íntegramente, ojos de un hipnotizante verde, y mechones como la sangre. Sencillamente… Bellísimo. Nunca había conocido a alguien como él, que con una mirada cautivara los sentidos y que con una palabra irónicamente me dejara atónito. Su cuerpo lábil y hermoso me atraía de una manera hasta entonces desconocida, demasiado intensa para ser simpatía, demasiado irracional para no ser obsesión, una que jamás terminare de comprender. Me sentía como un criminal… Porque su cuerpo podría ser perfecto y despertar cuanto bajo instinto tiene un ser humano, pero no así su alma. Una completamente pura, casi imposible de mancillar. Sí, casi… Pero más que su exótica belleza, era ese límpido espíritu lo que lo hacía un ángel ante mis ojos.


Sabaku no Gaara… Sólo un ángel.


Y a mis dieciocho años, aquel es el único nombre en el que puedo pensar. Una persona a la que di todo sin analizar ni prever las consecuencias. Quizás ese fue el más grande de mis errores, que cegado por mi cariño accedí a todo, incluso a cosas que podrían considerarse espantosas. No dejo de arrepentirme ampliamente por ello, pero a la vez sé que era inevitable.


- Lee – murmura algo desconcertado por mi largo silencio - ¿Qué pasa? -

Yo sonrió, disculpándome por perder el raciocinio como siempre que él esta presente. Justo entonces, advierto su cercanía y antes de que yo pueda o quiera hacer algo; sus labios están sobre los míos, buscando ese calor que tanto sé le gusta, aunque él jamás diga nada al respecto. Es un beso muy ligero y rápido, pero cargado de sentimiento.


Como lo dije anteriormente, lo he mal acostumbrado. Este es uno de sus tantos malos hábitos, quiero pensar que es el peor. Cierro los ojos al degustar sus delgados labios, y aunque una parte de mi se sabe en la gloria por esto, la otra se siente infame, porque estoy cometiendo un crimen imperdonable al aceptar este leve roce. Cualquiera se preguntaría: ¿Por qué habría de ser tan malo esto? La razón es simple.

Mi querido ángel, tan sólo es un niño.


Un pequeño de no más siete años; que doblego mi persona por completo. Constantemente me siento muy inferior a él, a ese poder tan grande que tiene sobre mí, a su pequeña e ingenua persona que me enamoro de lleno. Sé de antemano lo pecaminoso de esto y no puedo evitar el sonreír con tristeza al degustar su piel dulce. Porque estos momentos preciosos un día se perderán; cuando Gaara crezca un poco más, y comprenda que los fugaces besos y los roces entre amigos, no son algo tan común como él cree.


También sé que debí negarme a su inusual modo de demostrarme afecto. Decir que no desde la primera vez y aclarar que todo aquello, no era lo aceptable. Pero siendo tan sólo un pequeño, no entiende del todo las razones, y siendo yo un egoísta no quise detenerlo.


- Esto… no esta bien Gaara-kun – murmuró una vez que se alejado un poco – Ya te lo he dicho… -

Como siempre me mira impasible, seguro de que no me atreveré a decir nada más. Y tiene razón, sería incapaz de reprenderlo con severidad, aunque sea algo tan malo como esto. A veces quisiera preguntarle porque lo hace, pues no me parece sano que un pequeño de su edad se exprese así, sin palabras, pero sí con acciones tan marcadas. Por otro lado como ya lo dije; soy un egoísta, y no quisiera alejarlo con una pregunta indiscreta.

- Tus padres deben estar esperándote – murmuró a la vez que lo bajo con delicadeza del sofá donde ha estado acompañándome toda la tarde – Deberías volver con ellos. Hiko podría enfadarse – Por su expresión, puedo ver que no quiere regresar.


Sabaku no Hiko, es el padre de Gaara. Ellos dos se parecen bastante, ambos con el precioso cabello rojo alborotado y las expresiones taciturnas decorando sus rostros, haciéndolos más interesantes, más enigmáticos. Pero aún con su cariño nato de padre, Hiko es un hombre estricto. Probablemente mi pequeño ha hecho alguna travesura y un castigo le espera en casa.


- Todo lo que tu padre hace es por tu propio bien, aunque se trate de un castigo – digo sonriente con mi mano apoyada en su hombro - Pero él te ama muchísimo - Y Gaara no deja de mirarme con expectación por esto último que he dicho. Algo en mis palabras ha captado mucho su atención. Sus labios se separan con inseguridad mientras me contempla -


- ¿Cómo tú a mi? -

Permanezco enmudecido algunos segundos por aquella ingenua pregunta, y es que simplemente…no lo esperaba, no ahora. Gaara sabe que le quiero, que le estimo mucho más que a otros. Pero decirle que lo amo, pese a que es verdad; no es lo correcto. Suspiro y trato de hallar una respuesta justa a su pregunta.


- Sí - miento tratando de sonar seguro. Pese a que nunca será el mismo afecto que el de su padre – Sabes que te quiero… Como si fueras mi hermano –


Yo quedo satisfecho con mi farsa, porque ese cariño si esta permitido entre dos hombres, entre quienes tienen más de una década de diferencia. Pero no así Gaara. Por primera vez el silencio es incómodo para ambos, muy tenso. El siempre imperturbable rostro de mi pequeño se contrae entonces con una emoción que me intriga y alarma: indignación.


- ¿Gaara-kun? -


- Eso… no es cierto – argumenta de mala gana, casi con malquerencia.


No sé que decir... Y comienzo a articular sin pensar.


- Claro… que sí… Yo… -


- No me engañas -


Al mirar sus ojos sólo encuentro insatisfacción por mi respuesta. Se supone que él ignoraría todo esto, porque aún es muy joven. Pero al mismo tiempo, parece tan convencido, tan enterado de lo que esta pasando ¿En verdad soy algo más que un juguete para ti Gaara-kun?


- No es lo que quieres decirme – asegura con tono fúrico.


Y sin importar lo que es correcto o incorrecto, lo que él debiese saber o no… el hecho; al menos para mí es innegable. Sabe lo que siento y pienso cuando esta conmigo, quizás no logra comprenderlo del todo, pero: Él, lo sabe. Sólo hasta entonces, comienzo a comprender la razón de sus visitas diarias después del colegio, de sus acciones y sus palabras. Ahora sé que la respuesta que esperaba estaba lejos de ser: “Te quiero como a un hermano”


-“Yo te amo”, “Te amo más a que nadie”, “Eres la persona más importante para mí” – Eso, era lo que quería. Y esta profundamente decepcionado al no escucharlo.


Como desearía que fueras mayor mi querido Gaara, mayor para que entendieras que no puedo ofrecerte más palabras que las ya dichas. Solamente el cariño de amigo o un familiar.


- Lo siento – digo besando su mejilla – Es todo lo que puedo decirte-


Las lágrimas no tardan en rodar por sus mejillas. Porque esta conciente de ello, conciente de que no puedo decir otra cosa y de que estamos terriblemente equivocados por querer decir y escuchar más.


- Tampoco es justo… - murmura aferrándose a mis brazos, enterrando sus uñitas en mis brazos.


- No… No lo es - Las saladas gotitas no dejan de correr por su rostro, y sé que se llevan mi fortaleza con ellas. No puedo soportarlo.


¿Realmente sería tan monstruoso si lo dijera sólo hoy? ¿Cambiaría todo si en lugar de decir “Te quiero” dijera “Te amo” una sola vez? ¿Por qué habría de estar tan mal? Y voy buscando excusas para justificar mis actos erróneos, para hacerlos menos graves.


Le miro con detenimiento, solamente para terminar de convencerme. Él… vale la pena, vale cada pecado y culpa

- Gaara, tú siempre lo supiste… ¿No tengo razón? – murmuró con una sonrisa culpable. Él asiente lentamente, y con ello ya no hay vuelta atrás. Me agacho, anteponiéndome a su misma altura y respiro hondo; queriendo entonar mi voz más fuerte y clara, sobre todo ahora que le tengo frente a mí. Porque esto nunca volveré a decirlo, jamás. Por su bien y por el mío, y estas palabras un día serán un hecho muerto en sus memorias, algo que quizás paso, que muy posiblemente sólo se trato de un sueño. Algo sin la menor importancia. Como debe ser – Te amo – digo mientras mis manos tiemblan - Te amo tanto… que a veces creo que me vuelvo loco – Finalizo antes de atacar tus diminutos labios. Y yo sé que eres feliz con mis palabras y con este contacto, aunque no me lo digas.


- Lee-kun… - escucho cuando suelto tu pequeña boca.


Pero esa voz, no es tuya.


Tú y yo, ya no estamos solos…


Un escalofrío me recorre completamente mientras tú miras hacia donde proviene aquella voz. Tus palabras confirman mi mayor miedo.


- Papá… - dices con algo de sorpresa. Giro mi cuerpo lentamente hacia donde esta él, quien nos mira horrorizado.


Ha venido a buscarte a mi departamento porque sabe que somos grandes amigos, y ha supuesto acertadamente que estarías conmigo. Esto sin en cambio, es algo que jamás habría esperado, puedo ver como del escepticismo su rostro pasa rápidamente a la furia. ¿Puede alguien culparlo? Claro que no. Yo cierro los ojos con una enorme angustia, porque sé que después de esto nunca podré verte de nuevo, mucho menos hablar contigo o tocarte. Quizás es mejor así, que estés donde yo nunca puede alcanzarte de nuevo, donde no pueda robarte tu inocencia. Donde… yo sea sólo un mal recuerdo. Aunque sin ti, mi vida se llene de días solitarios, días insípidos.

Un día solitario, no debería existir.

*


OWARI


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